Thursday, July 13, 2017

TACHITO sobre la perfección




Había una vez, un niñito que se llamaba Tachito. Era morocho, de ojos picaros color celestes y unas pecas que le rodeaban la nariz. Era el encargado de cuidar las plantaciones de manzanas de la Finca “La esperanza”. Su obsesión por la perfección era tan grande que había logrado que todas las manzanas brillaran en sus ramas. Se levantaba muy temprano a la mañana para hacer sus tareas cotidianas y no terminaba hasta el fin de las tardes. Estaba orgulloso de su minuciosidad para cuidar de esos árboles que daban frutas tan apetitosas. Limpiaba de los árboles, las manzanas en mal estado, para que no desarmonizaran con el brillo de las otras colgadas. Todo era una obra de arte para el, un unísono de belleza lo tenia que rodear por doquier.

En una ocasión, una plaga amenazo la plantación, y las manzanas que solían lucir brillosas y redondas estaban marchitas y oscuras. Tachito no entendía que podría haber pasado. ¿Cuál era la plaga que amenazaba a sus plantaciones? Así fue como cada día, cada árbol presentaba manzanas estropeadas. Como Tachito no podía ver a sus árboles con semejantes manchas oscuras colgando. Sin pensarlo, recogió una por una las manzanas podridas hasta quedar sin aliento. Trabajo toda la noche sin conciencia, quedándose dormido sobre los cajones en mal estado. A la mañana siguiente, se levanto y al observar a sus árboles, se dio cuenta que estaban vacíos. ¡No colgaban manzanas apetitosas de ellos! ¿Cómo les explicaría a los dueños de la finca lo sucedido? ¿Cómo sobreviviría el invierno? ¿Cómo crecerían los árboles la próxima temporada? ¿Cuál había sido la peste que le había traído tanta infortunio?-Tachito agarro su sombrero de paja y se largo a llorar.

Al rato observa, que aun quedaba colgando de un árbol una manzana. Agarra la escalera de madera, para alcanzarla. Se acerca deseando que el brillo de esta opacara su desgracia. Al verla, se da cuenta que estaba fea. Cuando esta por agarrarla, un ruido en el interior de la manzana surge y lo frena.

¿Qué haces? ¡Todavía queres más! ¡No te ha alcanzado con lo que has hecho! No te das cuenta que tu obsesión porque todo sea perfecto hace que no aprecies la belleza de las cosas imperfectas. Esta manzana que queres tirar, junto a todas las otras, sigue siendo tan dulce como las que brillan. – dijo la gusanito Mariana.

¡Un gusano! ¡Lo único que faltaba! No solo mis manzanas están podridas sino que están invadidas por gusanos. Pero ¡Quien te has creído para hablarme así! No te das cuenta que yo soy el encargado del lugar y de mi depende que todo funcione.- contesta Tachito

Bueno si es por eso, yo soy la dueña de esta manzana. No te das cuenta que es mi casita, y sin ella no podría sobrevivir. Ya estamos cansados de tu control –dice la gusanito.

¿Cansados? Pero ¿quienes están cansados? Hablase visto, un gusanito contestatario, lo único que me faltaba para completar mi desgracia.

Si, ¡cansados! Dado que te has obsesionado en sacar todas las manzanas podridas con mis amigos gusanos, hemos tenido que estropear las que restaban. Si no lo hacíamos, nos moríamos por falta de alimento. Cantidad de familias han ido abandonando tus plantaciones por tu… como lo diría ¡Obstinación! ¡No te das cuenta de nada! Pero como se te ocurre hablarme así.- enojado le dice el nene.

Se me ocurre, porque si nadie te dice nada vas a seguir empeorando. Ah, me olvidaba de presentarme, mi nombre es Mariana. En la jerga de los gusanos, como te diría, soy la voz del pueblo. Mi idea no es pelearte sino ayudarte.

¡Ayudarme! ¿Pero como podrías? Toda la plantación que parecía que me traería la felicidad tan esperada porque seria la cosecha más buena de la región, se ha perdido. ¿Cómo podré enfrentar esto? Mis manzanas ya no sirven – dice Tachito con ojos tristes, lleno de lágrimas contenidas.

Porque no miras bien- le contesta Mariana

Miro, y miro y no se como he llegado a esto. Hace solo pocos días brillaban como corazones esmaltados colgando de las ramas. Y ahora no sirven para nada. ¡Miles de cajones a la basura !Bueno primero que nada escúchame. Porque tengo unas cuantas cosas que decirte, esta bien, pero déjame que te baje para que me pueda sentar, porque temo que me caiga de la escalera. “Madame”-dice Tachito. Acercándole el sombrero de paja, así es como Mariana, se sube al sombrero y baja con Tachito. Al ver la cantidad de cajones llenos de manzanas se da cuenta lo grave de la situación. Se sienta en un cajón vació y Tachito le acerca una de las manzanas “menos podridas” para que se acomode.

¿Estas cómoda? ¿Queres algo más? Perdón si la manzana no es tan buena pero es de las mejores que me han quedado.

Hum, no sos tan malo como pensaba. En realidad podría decirte que es como si vivieras en un mundo encantado donde todo tiene que ser perfecto. El mundo real es otra cosa. Cambia continuamente como la naturaleza. Tenes razón, pero ¿como podría cambiar? Yo solo se hacer las cosas bien sino creo que no sirvo para nada.

Es que en eso te equivocas, esta bien que hagas las cosas pero no podes controlar los resultados. Si actúas bien, espera, que seguramente tendrás tu premio. No dudes de tus buenas intenciones. Pero tenes que aprender a confiar más en lo que haces. Podría ser, por ejemplo, te tendrías que haber dado cuenta que las manzanas que no brillan tanto para vos, son los fertilizantes naturales de los árboles que tanto amas. Con el paso del tiempo, te quedaste solo con las manzanas perfectas, a las que cuidaste y amaste con pasión absoluta pero al solo focalizarte en ellas, no pudiste ver lo que te rodeaba. Muchos de mi especie emigraron a otras plantaciones. Nosotros, somos alimentos para los pájaros que traen semillas, que atraen mariposas que polinizan las flores que rodean a los árboles que les dan el abono que necesitan sus raíces para crecer mas fuerte. Todo es una cadena para un mismo fin. Nos necesitas como nosotros te necesitamos. En realidad, no me di cuenta de lo que hacia. Solo quería que mis árboles lucieran bellos, sin percatarme del fruto. Cuando el fruto era lo importante. ¡Muchas gracias Mariana!

De nada, y ahora es tiempo de irnos a dormir. Me llevas de vuelta a mi hogar, por favor.

Así fue como Tachito devolvió a la gusanito a la única manzana que había quedado colgando en su plantación, y se fue a acostar pensando en la lección de vida que le había dado. Esa noche tuvo un sueño muy extraño. Soñó que estaba en sus plantaciones, con los árboles llenos de manzanas podridas pero esta vez no las sacaba sino que las acariciaba, y al hacerlo estas se convertían en oro. Con solo tocarlas su piel se transformaba en el hermoso metal que brillaba. De esta forma, corría tocando con sus dedos el fruto de los árboles hasta quedar completamente dorados.

Al otro día ni bien se levanto, miro los cajones llenos de manzanas y decidió que era el momento de hacer una nueva selección. ¿Y saben lo que descubrió? La cosecha ya estaba lista y había sido provechosa. ¡Las manzanas no estaban podridas como el había creído! ¡Había más de lo que había pensado! Tuvo la posibilidad de llevar unas cuantas manzanas debajo de las frondosas ramas de los árboles para que fertilizaran la tierra y alimentaran a los amigos de Marianita que volvieron a su hogar. “La naturaleza es sabia”, pensó Tachito. Agarro su sombrero y se fue contento a mostrarle la cosecha a los dueños de la Finca. El trabajo estaba listo sin darse cuenta, ahora tendría tiempo para descansar.


Moraleja

Tachito aprendió que el secreto de la perfección se encuentra en la gran imperfección de la realidad. Por lo tanto, por más que quisiera controlar los resultados estos se le escapaban de las manos. La mayor plaga de su plantación había terminado siendo él mismo. Al no dejar que pasara nada que no fuera supervisado por él, Tachito suprimía las sorpresas que son el condimento indispensable de la vida.





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