El Mundo de Paz en Nosotros

viernes, 23 de junio de 2017

La luz es como el agua

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En Navidad los niños volvieron a pedir un bote de remos.

De acuerdo, dijo el papá, lo compraremos cuando volvamos a Cartagena.

Totó, de nueve años, y Joel, de siete, estaban más decididos de lo que sus padres creían.

No -dijeron a coro, Nos hace falta ahora y aquí.

-Para empezar -dijo la madre, aquí no hay más aguas navegables que la que sale de la ducha.

Tanto ella como el esposo tenían razón. En la casa de Cartagena de Indias había un patio con un muelle sobre la bahía, y un refugio para dos yates grandes. En cambio aquí en Madrid vivían apretados en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. Pero al final ni él ni ella pudieron negarse, porque les habían prometido un bote de remos con su sextante y su brújula si se ganaban el laurel del tercer año de primaria, y se lo habían ganado. Así que el papá compró todo sin decirle nada a su esposa, que era la más reacia a pagar deudas de juego. Era un precioso bote de aluminio con un hilo dorado en la línea de flotación.
El bote está en el garaje -reveló el papá en el almuerzo. El problema es que no hay cómo subirlo ni por el ascensor ni por la escalera, y en el garaje no hay más espacio disponible.

Sin embargo, la tarde del sábado siguiente los niños invitaron a sus condiscípulos para subir el bote por las escaleras, y lograron llevarlo hasta el cuarto de servicio.

Felicitaciones, les dijo el papá ¿ahora qué?

Ahora nada -dijeron los niños, Lo único que queríamos era tener el bote en el cuarto, y ya está.

La noche del miércoles, como todos los miércoles, los padres se fueron al cine. Los niños, dueños y señores de la casa, cerraron puertas y ventanas, y rompieron la bombilla encendida de una lámpara de la sala. Un chorro de luz dorada y fresca como el agua empezó a salir de la bombilla rota, y lo dejaron correr hasta que el nivel llego a cuatro palmos. Entonces cortaron la corriente, sacaron el bote, y navegaron a placer por entre las islas de la casa.

Esta aventura fabulosa fue el resultado de una ligereza mía cuando participaba en un seminario sobre la poesía de los utensilios domésticos. Totó me preguntó cómo era que la luz se encendía con sólo apretar un botón, y yo no tuve el valor de pensarlo dos veces.

La luz es como el agua, le contesté: uno abre el grifo, y sale.

De modo que siguieron navegando los miércoles en la noche, aprendiendo el manejo del sextante y la brújula, hasta que los padres regresaban del cine y los encontraban dormidos como ángeles de tierra firme. Meses después, ansiosos de ir más lejos, pidieron un equipo de pesca submarina. Con todo: máscaras, aletas, tanques y escopetas de aire comprimido.

Está mal que tengan en el cuarto de servicio un bote de remos que no les sirve para nada -dijo el padre-. Pero está peor que quieran tener además equipos de buceo.

¿Y si nos ganamos la gardenia de oro del primer semestre? -dijo Joel.

-No -dijo la madre, asustada-. Ya no más.

El padre le reprochó su intransigencia.

Es que estos niños no se ganan ni un clavo por cumplir con su deber -dijo ella-, pero por un capricho son capaces de ganarse hasta la silla del maestro.

Los padres no dijeron al fin ni que sí ni que no. Pero Totó y Joel, que habían sido los últimos en los dos años anteriores, se ganaron en julio las dos gardenias de oro y el reconocimiento público del rector. Esa misma tarde, sin que hubieran vuelto a pedirlos, encontraron en el dormitorio los equipos de buzos en su empaque original. De modo que el miércoles siguiente, mientras los padres veían El último tango en París, llenaron el apartamento hasta la altura de dos brazas, bucearon como tiburones mansos por debajo de los muebles y las camas, y rescataron del fondo de la luz las cosas que durante años se habían perdido en la oscuridad. 

En la premiación final los hermanos fueron aclamados como ejemplo para la escuela, y les dieron diplomas de excelencia. Esta vez no tuvieron que pedir nada, porque los padres les preguntaron qué querían. Ellos fueron tan razonables, que sólo quisieron una fiesta en casa para agasajar a los compañeros de curso.

El papá, a solas con su mujer, estaba radiante. 

Es una prueba de madurez -dijo. 

Dios te oiga -dijo la madre. 

El miércoles siguiente, mientras los padres veían La Batalla de Argel , la gente que pasó por la Castellana vio una cascada de luz que caía de un viejo edificio escondido entre los árboles. Salía por los balcones, se derramaba a raudales por la fachada, y se encauzó por la gran avenida en un torrente dorado que iluminó la ciudad hasta el Guadarrama.

Llamados de urgencia, los bomberos forzaron la puerta del quinto piso, y encontraron la casa rebosada de luz hasta el techo. El sofá y los sillones forrados en piel de leopardo flotaban en la sala a distintos niveles, entre las botellas del bar y el piano de cola y su mantón de Manila que aleteaba a media agua como una mantarraya de oro. Los utensilios domésticos, en la plenitud de su poesía, volaban con sus propias alas por el cielo de la cocina. Los instrumentos de la banda de guerra, que los niños usaban para bailar, flotaban al garete entre los peces de colores liberados de la pecera de mamá, que eran los únicos que flotaban vivos y felices en la vasta ciénaga iluminada. En el cuarto de baño flotaban los cepillos de dientes de todos, los preservativos de papá, los pomos de cremas y la dentadura de repuesto de mamá, y el televisor de la alcoba principal flotaba de costado, todavía encendido en el último episodio de la película de media noche prohibida para niños.

Al final del corredor, flotando entre dos aguas, Totó estaba sentado en la popa del bote, aferrado a los remos y con la máscara puesta, buscando el faro del puerto hasta donde le alcanzó el aire de los tanques, y Joel flotaba en la proa buscando todavía la altura de la estrella polar con el sextante, y flotaban por toda la casa sus treinta y siete compañeros de clase, eternizados en el instante de hacer pipí en la maceta de geranios, de cantar el himno de la escuela con la letra cambiada por versos de burla contra el rector, de beberse a escondidas un vaso de brandy de la botella de papá. Pues habían abierto tantas luces al mismo tiempo que la casa se había rebosado, y todo el cuarto año elemental de la escuela de San Julián el Hospitalario se había ahogado en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. En Madrid de España, una ciudad remota de veranos ardientes y vientos helados, sin mar ni río, y cuyos aborígenes de tierra firme nunca fueron maestros en la ciencia de navegar en la luz

Gabriel García Márquez

miércoles, 21 de junio de 2017

Apariencias 2º +5 Imágenes con frases


"Aparentar tiene más letras que ser"
Karl Kraus 

"Las apariencias engañan a la mente pero no al corazón"

"A veces una buena apariencia puede ser tan engañosa
 como un lobo con piel de oveja"
"La apariencia no lo es todo, pero refleja mucho de tu personalidad"

"La verdad no hace tanto bien en el mundo como el 
daño que hacen sus apariencias" 
François de la Rochefoucauld

lunes, 19 de junio de 2017

Las opiniones

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Un círculo de intelectuales se había formado alrededor de un maestro.
 Él no los había buscado, pero el grupo iba a visitarle cada tarde para meditar.

El sabio casi nunca hablaba. Era uno de esos mentores que consideran que
 la enseñanza más elocuente es el silencio y la vibración más pura 
y reveladora la de la quietud. Los iniciados, en cambio, parloteaban
 si cesar y se perdían en toda suerte de opiniones. 

Unos aseguraban que hay un principio trascendente y
otros lo negaban; unos insistían en que lo único fiable era la experiencia 
sensorial y otros en que solo lo era el universo de las ideas; 
unos señalaban la necesidad de indagar en la metafísica y
 otros en las distintas filosofías de la historia. 

Todos hablaban, aunque ninguno prestaba atención a los demás. 
Solo jugaban con las opiniones, los puntos de vista y las abstracciones. 
El sabio era muy paciente. Se preguntaba a qué venían esos
 hombres si sólo estaban interesados en sus entretenimientos intelectuales
y no tenían oídos para la genuina enseñanza.

Un día decidió reunirlos y les dijo:

Son como lavanderas. ¿Cómo lavanderas?

 preguntaron mirándose unos a otros extrañados, 
¿qué quiere decir con eso?

Ustedes saben, ya que dominan las palabras y su interpretación.

Pues no entendemos qué tenemos que ver nosotros con unas lavanderas.

Verán. La lavandera tiene mucha ropa, pero vienen los propietarios de la misma, 
se la llevan y se queda sin nada. Así son ustedes. 

Tienen un montón de opiniones tomadas de libros, escrituras, filósofos. 
Mas nada les pertenece. Estan vacíos. Son como lavanderas. Seguid especulando. No ganaréis ni un gramo de sabiduría con ello, aunque os divertiréis mucho.

Dice el Maestro:

Es necesario pasar de la comprensión intelectual a la intuitiva; de la teoría a la práctica.

sábado, 10 de junio de 2017

El arte secreto de un genio


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Un profundo estudio de las obras de Leonardo revela 

su profundo conocimiento del simbolismo hermético. Fue un hombre especial, 

además de ser un gran artista, Leonardo da experimentó asombrosas intuiciones 

que le permitieron realizar estudios sobre la luz, descubrir la perspectiva 

y alcanzar profundos conocimientos sobre anatomía, botánica, 

geología y dinámica de los fluidos, entre muchas otras ramas del saber. 

No hubo disciplina que no explorara y en la cual no hiciese hallazgos importantes. 

Pero sólo a principios del siglo XIX empezó a repararse 

en el significado hermético de sus pinturas. 

Con el tiempo, esta evidencia derivó en la sospecha de que 

Leonardo era un alto iniciado y, a pesar de carecer de bases históricas, 

incluso se llegó a afirmar que había sido el Gran Maestre de esa sociedad 

misteriosa conocida como Priorato de Sión. No cabe duda de que 

la magia ocupó un lugar central en su existencia. 

Esto es algo que surge de sus propios escritos, con frecuencia 

impregnados de doctrinas herméticas y simbolismos teológicos. 

Además, en su biblioteca se hallaron algunas obras sobre los poderes 

mágicos de plantas, minerales y animales; escritos de astronomía 

y textos que relacionaban la anatomía humana con la astrología, 

sin olvidar dos tratados sobre quiromancia. También cultivó la fisiognomía, 

estudiando las tipologías humanas en relación con las figuras, 

a las que atribuyó correspondencias zodiacales. 

Una de sus fuentes fue el Liber Phisionomiae, de Michel Scoto, 

un astrólogo-mago de la corte de Federico II. En este sentido, 

la biblioteca de Leonardo resulta reveladora. 

En ella encontramos una obra dedicada al Hermes filósofo, 

clara referencia a la epopeya de Hermes Trismegisto, 

que provendría del antiguo Egipto y sería portador del legado de los 

antiguos misterios, recogidos en un códice traducido y divulgado 

en la Europa renacentista por Marsilio Ficino. Este libro impregnó 

la cultura desde el siglo XV al XVII, creando las bases del hermetismo, 

una de las fuentes de inspiración del Renacimiento europeo. 

Otros textos de la biblioteca de Leonardo fueron el Tebit, de Tebit ben Corat, 

enciclopedista árabe del siglo XII, autor de un tratado sobre las ligaduras mágicas, 

y L’Acerba, de Cecco D’Ascoli, astrólogo de Bolonia 

que fue quemado en la hoguera por hereje en Florencia. 

También es bien conocida la profunda amistad que existió 

entre Leonardo y Tommaso Masini da Peretola, 

mago y físico de la corte de los Sforza, a quien llamaban «Zoroastro». 

La textos de Tolomeo, como los escritos del teólogo, astrólogo y 

alquimista Alberto Magno, junto con los de los astrólogos árabes, 

aportaron al genio de Vinci las bases para elaborar su pensamiento 

y aplicarlo a algunas de sus obras artísticas e investigaciones 

más importantes. Su interés por las matemáticas, 

la óptica y la geometría, que eran los puntos de partida de las 

leyes de la perspectiva, también derivaba de sus lecturas sobre astrología y magia.


viernes, 9 de junio de 2017

Perdón






EL PERDÓN 


El tema del día era resentimiento, y el maestro nos había pedido que
lleváramos papas, y una bolsa de plástico.
Ya en clase, elegimos una papa por cada persona que guardábamos
 resentimiento. Escribimos su nombre en ella, y la pusimos dentro
 de la bolsa.Algunas bolsas eran realmente pesadas.
El ejercicio consistía en que, durante una semana, lleváramos nosotros a todos lados esa bolsa de papas.

Naturalmente, la condición de las papas se iba deteriorando con
el tiempo. El fastidio de acarrear esa bolsa en todo momento, me mostró 
el peso espiritual que cargaba a diario y cómo, mientras ponía mi atención
en ella para no olvidarle en ningún lado, desatendía cosas 
que eran más importantes para mí.

Todos tenemos papas pudriéndose en nuestra "mochila" sentimental.
Este ejercicio fue una gran metáfora, del precio que pagaba a diario 
por mantener el resentimiento, por algo que ya había pasado y no podía cambiarse.

En realidad, pocas veces somos ofendidos, y en cambio muchas
 veces nos sentimos ofendidos.

Me di cuenta que cuando hacía importantes los temas incompletos, 
o las promesas no cumplidas, me llenaba de resentimiento, 
aumentaba mi estress, no dormía bien y mi atención se dispersaba.

Pensé: ¿Quién sufre: el que odia o el que es odiado?

El que es odiado vive feliz, pero el que cultiva el rencor, se parece a 
que toma una brasa ardiente, o al que atiza una llama. Pareciera que
la llama quema al aparente enemigo; pero no, se quema uno mismo

El resentimiento sólo destruye al resentido.

La falta de perdón te ata a las personas desde el resentimiento. 
Te tiene encadenado.

El que alimenta el amor propio, es ciego y suicida; prefiere la satisfacción
 de la venganza, al alivio del perdón, pero es locura odiar: es como 
un veneno que tomamos a diario a gotas, pero que finalmente nos termina
 envenenando. La falta de perdón, es el veneno más destructivo para el 
espíritu, ya que neutraliza los recursos emocionales que tienes. 
El rencoroso vive en una eterna agonía. Muchas veces pensamos 
que perdón es un regalo para el otro, sin darnos cuenta que los
 único beneficiados somos nosotros mismos.

Perdonar me llenó de paz y calma, alimentando mi espíritu. 
El perdón me liberó de ataduras que nos amargan el alma, y enferman
 el cuerpo. El perdón es una expresión de amor.

No hay en el mundo algo más sabroso, que la sensación de descanso
 y alivio que se siente al perdonar, así como no hay fatiga más
desagradable, que la que produce el rencor.

Perdonar, es dejar o eliminar un sentimiento adverso contra 
alguien o contra algo. El perdón se basa en la aceptación de lo que pasó.
 No significa que estés de acuerdo con lo que pasó, ni que lo apruebes.

Perdonar, no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió,
 ni darle la razón a alguien que te lastimó. Simplemente significa
 dejar de lado aquellos pensamientos
negativos que nos causaron dolor o enojo.

El perdón es una declaración que puedes y debes renovar a diario.
 Muchas veces, la persona más importante a la que tienes que perdonar 
es a ti mismo por todas las cosas que no fueron de la manera que pensabas.

Vale la pena perdonar, aunque sea sólo por interés,
 porque no hay terapia más liberadora que el perdón.

"La declaración del Perdón, es la clave para liberarte".

¿Con qué personas estás resentido

¿A quiénes no puedes perdonar?

¿Tú eres infalible, y por eso no puedes perdonar los errores ajenos?

"Perdona para que puedas ser perdonado.

"Recuerda que con la vara que mides, serás medido.."
Cuento de Autor desconocido