Monday, June 19, 2017

Las opiniones

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Un círculo de intelectuales se había formado alrededor de un maestro.
 Él no los había buscado, pero el grupo iba a visitarle cada tarde para meditar.

El sabio casi nunca hablaba. Era uno de esos mentores que consideran que
 la enseñanza más elocuente es el silencio y la vibración más pura 
y reveladora la de la quietud. Los iniciados, en cambio, parloteaban
 si cesar y se perdían en toda suerte de opiniones. 

Unos aseguraban que hay un principio trascendente y
otros lo negaban; unos insistían en que lo único fiable era la experiencia 
sensorial y otros en que solo lo era el universo de las ideas; 
unos señalaban la necesidad de indagar en la metafísica y
 otros en las distintas filosofías de la historia. 

Todos hablaban, aunque ninguno prestaba atención a los demás. 
Solo jugaban con las opiniones, los puntos de vista y las abstracciones. 
El sabio era muy paciente. Se preguntaba a qué venían esos
 hombres si sólo estaban interesados en sus entretenimientos intelectuales
y no tenían oídos para la genuina enseñanza.

Un día decidió reunirlos y les dijo:

Son como lavanderas. ¿Cómo lavanderas?

 preguntaron mirándose unos a otros extrañados, 
¿qué quiere decir con eso?

Ustedes saben, ya que dominan las palabras y su interpretación.

Pues no entendemos qué tenemos que ver nosotros con unas lavanderas.

Verán. La lavandera tiene mucha ropa, pero vienen los propietarios de la misma, 
se la llevan y se queda sin nada. Así son ustedes. 

Tienen un montón de opiniones tomadas de libros, escrituras, filósofos. 
Mas nada les pertenece. Estan vacíos. Son como lavanderas. Seguid especulando. No ganaréis ni un gramo de sabiduría con ello, aunque os divertiréis mucho.

Dice el Maestro:

Es necesario pasar de la comprensión intelectual a la intuitiva; de la teoría a la práctica.

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