El Mundo de Paz en Nosotros

domingo, 5 de junio de 2016

La solterona


https://www.desktopnexus.com/


Apoyada de brazos en el balcón, la solterona doña Teodolinda,contemplaba el pequeño jardín que se extendía ante su hotel.A la luz débil de aquel atardecer otoñal,
 las siluetas de los árboles destacaban en el fondo de un empalidecido cielo.
 A veces, bruscas ráfagas de viento movían las ramas haciendo desprenderse las hojas,
 ya marchitas, que caían revoloteando como obscuras mariposas,
 yendo a posarse entre las hirsutas ramas de los arbustos del jardín.

 Y así como los pájaros, presintiendo la noche cercana, acudían a refugiarse en las espesuras del boscaje, en aquella hora silenciosa y nostálgica del crepúsculo,
 acudieron a la mente de la solterona sombríos pensamientos, sumiendo su siempre 
alegre y sereno espíritu en el lago profundo de la melancolía.

Y contemplando como al caer de las hojas, perdían los árboles la belleza
 lozana que allá en los tiempos primaverales lucieran, pensó con tristeza
 infinita en su, poco a poco, perdida hermosura; y en sus tiempos de esplendor, de alegrías, de amorosas ilusiones, ¡de juventud! . 
Y resucitando en su mente el ya lejano ayer, recordaba los paternales
 cuidados; los deseos cumplidos; los admiradores galantes; los apasionados celosos de cuantos rendían homenaje a sus gracias. Y al rememorar 
el dichoso pasado,n se lamentaba
 de la soledad en que, voluntariamente, se había recluido; 
y un lúgubre y cruel pensamiento la atormentaba.

La idea de que el día en que muriese no habría ni un ser querido que, pesaroso,
 la acompañase en su viaje postrero, la hizo estremecer, pensando en lo ¡sola! 
que haría la última jornada... Y vivamente impresionada ante la visión 
desconsoladora, demudada y pálida, acometida por un terror extraño,
 entró rápida en su gabinete, cerrando brusca, tras de sí 
las puertas cristaleras del balcón.

Más serena ya en el ambiente sedante de su habitual estancia, procuró distraerse evocando el pasado venturoso; y sentada ante un legítimo vargueño, a la 
amable luz de una velada lámpara, fue sacando de
 la cajonería del viejo mueble ¡cosas! que allí conservaba desde los
 floridos días juveniles, y de las que hasta aquel instante no se había 
vuelto a acordar. Y salieron nuevamente a la luz cartas, rizos, llores, anillos, retratos ¡todo el tesoro de lo que fueron sus amores!


El corazón le latía con violencia al desatar las ya pálidas cintas de colores
 de los paquetes de cartas, que, palpitante de emoción, fue una tras
 otra leyendo. Estaban todas; desde la de aquel casi un niño, que, tímido,
 le declaraba su amor primero, hasta la del enamorado vehemente e impetuoso, 
que se  mostraba casi iracundo, en el fuego de su pasión.
Había de poetas que la invocaban como a su divina musa; de pintores que,
 reconocidos, la consideraban causa de su inspiración; de militares dispuestos
 por ella a las más atrevidas empresas; de viejos que ante su vista decían 
sentirse rejuvenecidos; de románticos atormentados por su ideal amor.
 ¡Y ávidamente las iba leyendo todas, y ante el desfile de amorosas
 y tiernas palabras, fue reviviendo hasta en sus menores detalles los pasados
 días de amor, de esperanzas, de incumplidas promesas
 y sus ojos fueron poco a poco nublándose y, al desaparecer de su vista los amados renglones, surgió un sollozo desde lo más hondo de su corazón!

Largo rato permaneció angustiada ante sus recuerdos amorosos,
 cuando una súbita y extraña idea la hizo sonreír, a pesar de tener 
aún los ojos arrasados en lágrimas.
Y, afirmándose en su pensamiento, enjugó su llanto,
 y comenzó a ordenar las cartas por el tablero del vargueño esparcidas.


Poco a poco fue serenándose acariciando la realización de aquello 
que tan de pronto se le  había ocurrido. ¿Por qué no?
 La cosa no era imposible ni mucho menos. 
Todo consistía en averiguar los domicilios de los que fueron sus rendidos amadores. Algunos habían ya fallecido; otros vivían en distinta población; 
pero ¡como fueron tantos! le constaba que vivían en la ciudad los bastantes 
para lograr su objeto. A éstos les escribiría. La misma rareza de su nombre 
les ayudaría a recordarla a pesar de los años transcurridos, y,
 ¿quién sabe si acudirían a su llamamiento?


Y doña Teodolinda desplegando su sutil ingenio, y apelando al caudal de sus amorosos recuerdos, desde aquella noche comenzó a 
escribir cartas a sus ya viejos amadores.  A cada uno le decía, según su 
temperamento y condición, lo que más pudiera agradarle, 
halagando sobre todo su vanidad donjuanesca, esa vanidad de la que no se libran ni los más pobres hombres.Elogiaba también en los artistas, sus obras.
Les  citaba, a los poetas, estrofas de las que ellos 
consideraban sus insuperables poesías. A los militares, sus casi siempre más 
de lo debido ponderadas hazañas; y a todos les juraba que en el transcurso de los años, 
en que ni se habían visto, había ella vivido consagrada al 
recuerdo del amor, de su amor, que fue el único verdadero de su vida.

Con los casados exageraba la nota, mostrándose envidiosa de la compañera, por ellos tan escrupulosamente elegida, y por la que su vivir sería una continua sucesión de horas dichosas; de esas horas por ella tan anheladas y perdidas, por no haberle él hecho la ofrenda de su amor .

¡Y al final de cada carta, en una súplica emocionante, les rogaba encarecidamente, ya que ¡ingratos! en vida le negaron tanta felicidad, la acompañaran, al menos, en el día de su muerte, hasta el sagrado lugar del eterno reposo!.
Y doña Teodolinda, a pesar de la fatídica terminación, cada vez que
 finalizaba una de las carlas, sonreía, mientras cuidadosa y 
con clara letra ponía en el sobre el nombre del destinatario.

Pensando en la eficacia de su sutil y halagadora palabrería, 
sentíase esperanzada y se decía interiormente: 
¡lrá! ¡Ya lo creo que éste irá! 

Y la lástima para ella fue el no verlo.
La Divina Providencia, como si no hubiese estado esperando
 para ello más que doña Teodolinda escribiese sus epístolas, 
a los pocos días de terminada la tarea, le ofrendó un dulce mal, 
con el que alcanzaría pronto una buena muerte.

Y la solterona, sintiéndose morir, despachó su postrera correspondencia,
 disponiéndose resignada a recibir la visita de la que no perdona 
La "intrusa", sin embargo, hízose esperar aún varias semanas;
 mas al fin llegó, y se llevó, en su compañía, aquella alma
 buena y sentimental a los elíseos campos


El pequeño jardín del hotel de doña Teodolinda aparecía invadido por graves señores enlutados, que esperaban la hora del entierro. 
Cada uno de los cuales, en su presunción varonil, creía ver en los otros concurrentes simples amigos de la muerta. Porque ninguno 
dudaba ser él solo ¡el único amor!, nunca olvidado, de aquella mujer, 
que ahora se les representaba a través de los velos del recuerdo, embellecida por el tiempo transcurrido y sublimada con todas las perfecciones que imaginamos poseen aquellos que ya no volveremos a ver jamás.

¡Cuánto lamentaban los poetas haberse olvidado de la que
 fué su preclara musa! Y se enorgullecían al pensar en que, hasta en sus últimos momentos, recordaba sus inspiradas estrofas ...

Los casados que, después de mucho elegir mujer, se  sumergieron al fin con una en la realidad prosaica de la vida, se arrepentían de no haberlo hecho con aquella que, ahora creían hubiera sido la ideal esposa que los deseos de cada uno se imaginaba ...

Romántico hubo que se desesperó de haberse alejado de la que, 
en aquel instante, tenía la certeza, fue la encarnación real de sus ensueños. 
Dolíanse todos de haber truncado su vida, que con aquella mujer hubiese
 sido muy otra, y sintiendo un inconfesado rencor contra ellos mismos,
 tendían imaginariamente sus manos suplicantes hacia el fantasma
 de la felicidad por siempre desaparecido.


Y fue que la solterona, inconscientemente, hizo con sus carta reverdecer en lo más íntimo de cada uno las ansias infinitas de una dicha jamás lograda; por lo que su nombre amable, al ser pronunciado después de tantos años, despertó en aquellos hombres el deseo
 de ser amados infinitamente. ¡Y encontrándose, ya en la vejez, en el 
desconsuelo de sus vulgares existencias, lloraban desolados el bien perdido!

Y el entierro indiferente que temía doña Teodolinda, tuvo un cordial
 y lucido cortejo de hombres que marchaban tras el féretro, 
silenciosos, entristecidos, meditabundos!
 ¡Y era que los que iban tras de la fenecida solterona,
 rendían, sin saberlo, un postrer homenaje a la fortuna incierta
 al destino ignorado, ¡a lo desconocido!



jueves, 2 de junio de 2016

Error::Fracaso 2º: +2 Imágenes con reflexiones cortas


Fracaso no es sinónimo de ser fracasado
Significa que todavía no tuviste éxito 

Fracaso no significa que no lograste nada
Significa que aprendiste algo

Fracaso no significa que actuaste como un necio
Significa que no tuviste mucha fe

Fracaso no significa que sufriste descrédito
Significa que estuviste dispuesto a probar

Fracaso no es sinónimo de falta de capacidad
Significa que debes hacer las cosas de distinta manera

Fracaso no significa que eres inferior
Significa que tu no eres perfecto

Fracaso no significa que perdiste tu vida
Significa que tienes buenas razones para empezar de nuevo

Fracaso no significa que tengas que echarte atrás
Significa que tienes que luchar con mayor ahínco

Fracaso no significa que jamás lograrás tus metas
Significa que tardaras un poco mas en alcanzarlas.

Fracaso no significa que Dios te haya abandonado
Significa que El tiene una mejor idea para ti.

Fracaso es sinónimo de no haber intentado



El error más grande
El error más grande lo cometes cuando, por temor a equivocarte,
 te equivocas dejando de arriesgar en el viaje hacia tus objetivos.

No se equivoca el río cuando, al encontrar una montaña en su camino,
 retrocede para seguir avanzando hacia el mar; se equivoca el agua que por temor a equivocarse, se estanca y se pudre en la laguna.

No se equivoca la semilla cuando muere en el surco para hacerse planta;
 se equivoca la que por no morir bajo la tierra, renuncia a la vida.


No se equivoca el hombre que ensaya distintos caminos
 para alcanzar sus metas, se equivoca aquel que
 por temor a equivocarse no acciona.

No se equivoca el pájaro que ensayando el primer
 vuelo cae al suelo, se equivoca aquel que por temor
 a caerse renuncia a volar permaneciendo en el nido.

Pienso que se equivocan aquellos que no aceptan
 que ser hombre es buscarse a sí mismo cada día, 
sin encontrarse nunca plenamente.

Creo que al final del camino no te premiarán por 
lo que encuentres, sino por aquello que hayas
 buscado honestamente.

domingo, 29 de mayo de 2016

Mujer, Poema de Gioconda Belli



Si eres una mujer fuerte prepárate para la batalla:

aprende a estar sola, a dormir en la más absoluta oscuridad sin miedo, 
a que nadie te tire sogas cuando ruja la tormenta, a nadar contra corriente. Entrénate en los oficios de la reflexión y el intelecto. 
Lee, hazte el amor a ti misma, construye tu castillo, rodéalo de fosos profundos, pero hazle anchas puertas y ventanas. 
Es menester que cultives enormes amistades, 
que quienes te rodean y quieran sepan lo que eres, 
que te hagas un círculo de hogueras y enciendas en el centro de tu habitación una estufa siempre ardiente donde se mantenga el hervor de tus sueños. 
Si eres una mujer fuerte protégete con palabras y 
árboles e invoca la memoria de mujeres antiguas. 
Has de saber que eres un campo magnético hacia el que viajarán aullando los clavos herrumbrados y el óxido mortal de todos los naufragios.
 Ampara, pero ampárate primero. Guarda las distancias. 
Constrúyete. 
Cuídate. 
Atesora tu poder.
 Defiéndelo.
 Hazlo por ti.
 Te lo pido en nombre de todas nosotras. 

 Gioconda Belli




sábado, 28 de mayo de 2016

La Flor de la honestidad

.

Se cuenta que allá para el año 250 A.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país iba a ser coronado emperador y de acuerdo con la ley, debía casarse.

Sabiendo esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.

Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe. Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración.

Sin poder creerlo le preguntó: “¿Hija mía, que vas a hacer allí? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte acudirán. Quítate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura”

Y la hija respondió: “No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz”.

Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, las más bellas joyas y las más determinadas intenciones.

Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío: “Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa y futura emperatriz de China”.

La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres, amistades, relaciones, etc.

El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado.

Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo.

Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.

En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores.

Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella. Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado. Aquella bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa. Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada. Entonces, con calma el príncipe explicó: Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles”
 Leyenda China




"Trate a aquellos que son buenos y los que no son buenos con bondad. 
Así se obtiene la bondad. 
Sea honesto con los que son honestos y los que no son honestos.
 Así se logra la honestidad" 
Lao Tzu

jueves, 26 de mayo de 2016

La leyenda de Bamako


Hace mucho, mucho tiempo, en la época en la que la noche era negra, sombría e impenetrable ya que la luna no la iluminaba todavía, una joven llamada Bamako vivía en la aldea Kikamo. Ella era muy bella y amable. Amaba tiernamente a sus padres y a su pueblo que la estimaba y la respetaba. Todos los habitantes de la aldea admiraban sus grandes ojos que brillaban como el sol.

Un día, unos soldados venidos del norte atacaron la aldea de Bamako, así como todas aquellas de los alrededores. Astutos, feroces y sanguinarios sólo luchaban por las noches y se escondían durante el día.

Los amigos de Bamako les hacían frente valientemente, pero no sabían luchar durante la noche y, después de largas noches de combates, todos corrían el peligro de perder la vida frente a los feroces enemigos.

Una noche, el dios N’Togini se le apareció a Bamako y le dijo:

¡“Bamako! Si quieres salvar a tu pueblo sigue mi consejo. Mi hijo Djambé, que vive en la gruta, al borde del río, está enamorado de ti desde hace mucho tiempo. Si aceptas casarte con él, te llevará al cielo donde brillarás todas las noches. Tu pueblo no tendrá que luchar en la oscuridad, puesto que tú iluminarás sus noches. Gracias a ti él vencerá a sus enemigos”

“¿Qué debo hacer?” preguntó Bamako.

N’Togini le explicó:

“Por la noche, cuando el sol se ponga, sube a la gran roca que está sobre la gruta y lánzate al río. No tengas miedo. Djambé estará allí para recibirte. Ten confianza y nada te sucederá”.

Valiente, Bamako no dudó en seguir las recomendaciones del Dios en todos sus puntos. Saltó al vacío, Djambé la atrapó y la llevó al cielo como lo había prometido su padre.

Entonces, un milagro se produjo. El resplandor de sus grandes ojos iluminaban la noche oscura.

Esa noche, los aldeanos lograrían una rotunda victoria y expulsaron a sus enemigos


Desde entonces, la cara resplandeciente de Bamako aparece cada noche en el cielo. Cuando el sol desapareció, el relumbrante rostro de Bamako apareció en la noche.