El Mundo de Paz en Nosotros

lunes, 18 de octubre de 2021

Dos amigos: Fábula de Jean de la Fontaine

Imagen de https://wallpapercave.com/

 Dos amigos 

Allá, muy lejos en Monomotapa, había dos amigos verdaderos. 
Todo lo que poseían era común entre ellos. Esos son amigos; 
no los de nuestro país.
Una noche que ambos descansaban, aprovechando la ausencia del sol, 
uno de ellos se levanta de la cama todo azorado; corre a casa de su compañero, 
llama a los criados: Morfeo reinaba en aquella mansión. 
El amigo dormido despierta sobresaltado, toma la bolsa, toma las armas, 
y sale en busca del otro.

“¿Qué pasa? Le pregunta:
no acostumbráis a ir por el mundo a estas horas; empleáis mejor
 el tiempo destinado al sueño. 

¿Habéis perdido al juego vuestro caudal?
 Aquí tenéis oro. 

¿Tenéis algún lance pendiente? 
Llevo la espada, vamos. 
¿Os cansáis de dormir solo? 

A mi lado tengo una esclava muy hermosa: la llamaré, si queréis.
 No contestó el amigo; no es nada de eso. 

Soñaba os veía, y me pareció que estabais algo triste. 
Temí que fuese verdad, y vine corriendo. Ese pícaro sueño tiene la culpa.

”¿Cuál de estos dos amigos era más amigo del otro?

 He ahí una cuestión que vale la pena dilucidarlo. 
¡Oh, qué gran cosa es un buen amigo! 
Investiga vuestras necesidades y Os ahorra la vergüenza de revelárselas: un ensueño, un presagio, una ilusión: todo lo asusta, si se trata de la persona querida.

Fabula de Jean de la Fontaine


"El antídoto para cincuenta enemigos es un amigo"
Aristóteles

"Tener un amigo no es cosa de la que pueda ufanarse todo el mundo"
Antoine de Saint-Exupéry

"Las cosas nunca son tan aterradoras cuando tienes un mejor amigo" Bill Watterson

"Buenos amigos, buenos libros y una consciencia tranquila: esa es la vida ideal"
Mark Twain


"Me gustan los amigos que tienen pensamientos independientes, porque suelen hacerte ver los problemas desde todos los ángulos" Nelson Mandela

sábado, 21 de agosto de 2021

El camino del equilibrio


                                             


En una ocasión, salió de excursión un grupo de chicos que iban mirando y aprendiendo de las especies vegetales y animales que encontraban a su paso.

El último tiempo de la excursión lo dedicaron a explorar el terreno, más bien a conocer cómo era todo en la otra orilla del rio, por el que caminaban refrescándose los pies en su parte menos profunda.

Con ellos iba un Maestro que les había estado enseñando durante el último curso, en el cual se encontraban aún. Éste les dijo:
“Vamos a explorar la otra orilla del rio, para ello utilizaremos aquel puente colgante, que nos permitirá llegar hasta allí”. Todo esto lo decía teniendo en mente que el paso por aquel puente iba a propiciar una lección para sus alumnos y sobre todo para uno de ellos, pues era un Maestro Hab-Baa-Ssi y tenía la capacidad de ver el futuro, ya fuera cercano o lejano.

El puente era de poca altura, pero excesivamente estrecho, tanto, que tenían que pasar uno tras otro, porque no cabían dos juntos caminando por él.

El Maestro les advirtió que tuviesen cuidado y permanecieran atentos, porque podrían caer al agua si perdían el equilibrio y aunque las aguas del río no eran profundas, el que cayera haría perder el tiempo a sus compañeros, porque tendrían que esperar a que saliese del agua para poder continuar, y ya no disponían de mucho tiempo.

Todos comenzaron a caminar por el puente en fila de uno, éste se balanceaba ligeramente hacia los lados, pero no lo suficiente como para hacer caer a ningún chico, a menos que distrajese su atención en otra cosa que no fuese caminar sobre aquella estrecha pasarela.

En un determinado momento, pasó por allí un pajarillo revoloteando, que tuvo la puntería de hacer sus necesidades sobre la cabeza de uno de los excursionistas; el tercero de la fila que iba tras él, estaba observando al pajarillo desde hacía unos segundos y cuando manchó la cabeza de aquel chico, el que iba distraído tras él comenzó a reírse a carcajadas, no por mofarse de su compañero, sino por la gracia que le hizo el tino que había tenido el pajarillo.

Absorto en este incidente, no vio que una de las tablillas que formaban el suelo del puente, estaba levantada, tropezó, perdió el equilibrio y cayó al agua.

El Maestro, que iba tras ellos, les dijo que continuaran mientras él ayudaba al que había caído, pues estaba oscureciendo y por allí había lobos (una especie de lobos que los Hab-Baa-Ssi llaman carniceros) y en la oscuridad había más peligro de que los atacasen, pues era cuando éstos aprovechaban para atacar a sus víctimas. Cuando lo hubo sacado del agua le dijo:

“ Has caído porque no has sabido mantenerte en equilibrio, hay que estar muy pendiente para no distraerse con lo que pueda venir por la izquierda, por la derecha, o por los alrededores, pues al tener la atención puesta en otra cosa, no ves – como a ti te ha pasado – si hay algún motivo u obstáculo que te pueda hacer caer, alejarte de tu camino. Ahora has perdido lo que tenías avanzado sobre el puente, y si quieres llegar a donde ibas, tendrás que comenzar nuevamente por el principio, para poder conseguirlo.

Esto es lo mismo que cuando estás equilibrado energética y mentalmente, encontrándote en estado de Armonía, de Justicia, es decir, justo en el Centro. Entonces debes estar con cuidado de seguir siempre en ese equilibrio, por el Camino de Centro, es decir, para estar en la energía de la Justicia”.

El muchacho aprendió la lección, que le sirvió para su futuro, llegó a ser Maestro algún tiempo después, porque el incidente de aquel día le hizo ver claramente cómo tenía que ser su comportamiento y conducirse para llegar a ser lo que fue.


Aquel día subió nuevamente al puente, con aquella enseñanza que su amado Maestro le había dado. Cuando llegó a la otra orilla, sus compañeros le estaban esperando, atentos a la lección que sabían iban a recibir gracias a su experiencia. El maestro llegó levitando de una orilla a la otra (cosa que dominan los Maestros Hab-Baa-Ssi, y que los alumnos aprenden).

Fuente: Habassis de Etiopia
P





"Si estamos prestando atención a nuestras vidas, reconoceremos esos momentos definitorios. El desafío para muchos de nosotros es que estamos tan inmersos en las distracciones diarias y en "estar ocupados, ocupados" que nos perdemos esos momentos y oportunidades que, si se aprovecharán, llevarían nuestras carreras y vidas personales a un nivel completamente nuevo de sorpresa"

 Robin S. Sharma


jueves, 19 de agosto de 2021

7 Frases del Principito de Antoine de Saint-Exupéry

"Todo es un misterio, mira hacia el cielo y verás como todo cambia"
Antoine de Saint-Exupéry

"He aquí mi secreto, que no puede ser más simple,; sólo con el corazón se
puede ver bien, lo esencial es invisible a los ojos.
Antoine de Saint-Exupéry

"Si alguien ama una flor de la que sólo existe un ejemplar en millones y millones
de estrellas, basta que la mire para ser dichoso"
Antoine de Saint-Exupéry

"Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de
que algún día cada uno pueda encontrar la suya"
Antoine de Saint-Exupéry

"La gente tiene estrellas pero no significan lo mismo para todos"
Antoine de Saint-Exupéry

"Es una locura odiar a todas las rosas sólo porque una te pinchó. 
Renunciar a todos tus
sueños solo porque porque uno de ellos no se cumplió"
Antoine de Saint-Exupéry

"Eres el dueño de tu vida y tus emociones, nunca lo olvides. 
Para bien y para mal.
Antoine de Saint-Exupéry

viernes, 13 de agosto de 2021

La marioneta de trapo


Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo, y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero, en definitiva, pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.

Dormiría poco y soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos perdemos sesenta segundo de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás se duermen, escucharía mientras los demás hablan, y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate…

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando al descubierto no solamente mi cuerpo, sino mi alma.

Dios mío, si yo tuviera un corazón… Escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el sol.

Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la luna.

Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos…

Dios mío si yo tuviera un trozo de vida… No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, que la quiero. Convencería a cada mujer de que ella es mi favorita y viviría enamorado del amor.

A los hombres, les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.

A un niño le daría alas, pero dejaría que él solo aprendiese a volar. A los viejos, a mis viejos, les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido.

Tantas cosas he aprendido de ustedes los hombres… He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.

He aprendido que un hombre únicamente tiene derecho a mirar a otro hombre hacia abajo, cuando ha de ayudarlo a levantarse.

Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero finalmente mucho no habrán de servir porque cuando me guarden dentro de esta maleta, infelizmente me estaré muriendo...

Gabriel García Márquez

martes, 10 de agosto de 2021

Tu gobiernas tu mente, no tu mente a ti




Un estudiante de zen, se quejaba de que no podía meditar: sus pensamientos no se lo permitían. Habló de esto con su maestro diciéndole: “Maestro, los pensamientos y las imágenes mentales no me dejan meditar; cuando se van unos segundos, luego vuelven con más fuerza. No puedo meditar. No me dejan en paz”. El maestro le dijo que esto dependía de él mismo y que dejara de cavilar. No obstante, el estudiante seguía lamentándose de que los pensamientos no le dejaban en paz y que su mente estaba confusa. Cada vez que intentaba concentrarse, todo un tren de pensamientos y reflexiones cortas, a menudo inútiles y triviales, irrumpían en su cabeza…

El maestro entonces le dijo: “Bien. Aferra esa cuchara y tenla en tu mano. Ahora siéntate y medita”. El discípulo obedeció. Al cabo de un rato el maestro le ordenó: ”¡Deja la cuchara!”. El alumno así hizo y la cuchara cayó obviamente al suelo. Miró a su maestro con estupor y éste le preguntó: “Entonces, ahora dime ¿Quién agarraba a quién, tú a la cuchara, o la cuchara a ti?.

Cuento Budista