El mundo de paz en nosotros

miércoles, 3 de enero de 2024

El tamaño de tu drama es proporcional al tamaño de tu ego

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Aprendo lentamente que no tengo que reaccionar a cualquier cosa que me moleste.
Aprendo lentamente que la energía necesaria para reaccionar a cada cosa "mala" que me sucede, me agota y me impide ver las otras cosas buenas de la vida.
Aprendo lentamente que no voy a ser el consuelo de todos y que no voy a poder llevar a todos a tratarme como quiero que me traten y no es para tanto.
Aprendo lentamente que tratar de ′′ganar′′ a cualquiera es solo una pérdida de tiempo, energía y que solo me llena de vacío.
Aprendo lentamente que no reaccionar no significa que esté de acuerdo con las cosas, simplemente significa que elijo elevarme por encima.
Elijo aprender la lección, me sirvió y aprendo de ella. Elijo ser la persona más grande.
Elijo mi tranquilidad mental porque eso es lo que realmente necesito.
No necesito más drama.
No necesito que la gente me haga sentir que no soy lo suficientemente buena.
No necesito peleas, argumentos y conexiones falsas.
Aprendo lentamente que a veces, no decir nada, lo dice todo.
Aprendo lentamente que reaccionar ante cosas que me molestan, le dan poder a alguien sobre mi y sobre mis emociones.
No puedo controlar lo que hacen los demás, pero puedo elegir cómo reaccionar, cómo lo manejo, cómo lo percibo y cuánto de ello me lo tomo personal.
Aprendo lentamente que la mayor parte del tiempo, estas situaciones no dicen nada sobre mí y mucho sobre la otra persona.
Aprendo que todas estas decepciones están ahí para enseñarme a amarme y me servirá de escudo.
Aprendo que aunque reaccione, no cambiará nada, no hará que la gente me quiera y me respete de repente, no cambiarán mágicamente sus mentes.
A veces es mejor dejar ir las cosas, dejar ir a la gente, no luchar por el cierre, no pedir explicaciones, no perseguir las respuestas y no esperar que la gente entienda desde donde tú lo ves.
Aprendo lentamente que la vida se vive mejor cuando no la centras en lo que pasa a tu alrededor y la centras más bien en lo que sucede dentro de ti.
Trabaja en ti mismo, en tu paz interior y te darás cuenta que no reaccionar a cada pequeña cosa que te molesta es el primer ingrediente para vivir una vida feliz y saludable.
De Louise Hay y Wayne Dyer

martes, 2 de enero de 2024

La energía jamás se equivoca

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Nadie falta, nadie sobra.

Cada ser que cruza en tu camino trae consigo un mensaje, una enseñanza, un aprendizaje.

Cada ser que se va de tu vida, cumplió su ciclo, y es perfecto tal y como es.

Agradece por lo que es.

Por lo que fue, lo que será, por lo que viene, por lo que se va. Todo es perfecto.

Aceptar te permite fluir, libera a los otros y lo más importante, te hace absolutamente libre.

Fluye, suelta, crece y sigue caminando.

Queda tanto camino por recorrer, no importa si ese camino consta de unos días, unos años, una vida o muchas más.

¡Vamos!

Te veo en el camino o te espero más allá.

¡Qué más da! El alma no se equivoca, será en ésta o en la que vendrá.

Seguimos caminando, sin ayer, sin mañana.

Dejando huella, abriendo el alma.

Sintiendo, viviendo

Con risa, con llanto, pero con corazón.

Y en cada latido decir ¡gracias!

Sigo recordándote alma

Te veo, me veo

Sigo caminando, hasta volverme polvo y eternidad

Energía.

Conciencia.

Reflexión 
Créditos a quien le corresponda

miércoles, 20 de diciembre de 2023

Vibra alto

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VIBRA ALTO Y TÚ VIDA MEJORARÁ

No hables en negativo; no pienses nada negativo; no anticipes el fracaso; no tengas miedo a nada.
 ¿Quieres que en verdad tu vida cambie? Vigila tu mente noche y día, sin parar, sin descanso. Atención 101%, 24 hs. al día, incluso en tus sueños. No le des respiro, 

Cuida tu estado mental como cuidarías a un niño recién nacido: no puedes quitarle los ojos de encima. 

No te quejes de nada; no te enojes con nadie, y si lo haces, hazlo con paz y amor en tu corazón, sin esa cara negativa. 

¿Quieres tener más dinero y que se terminen para siempre tus dificultades económicas? No pienses que es difícil ganar mucho dinero; no hables con nadie acerca de tu situación económica; no pienses en ningún momento en tu situación económica ni en la del país.

 Cuando alguien te pregunte, simplemente di :"todo está mejorando", mientras que por dentro ríes porque sabes que esas palabras han llegado a los confines más remotos del Universo y están creando.

 ¿Tienes problemas familiares, laborales, de pareja? No pienses en ellos; no hables de ellos, y si lo haces, que sea con paz y fe que mejoraran en tu corazón. Tú los creaste y tu lo vas a revertir. 

No te permitas ningún estado de ánimo negativo por más de 10 segundos. Apenas descubras que no estás en paz, alegría o amor, haz lo que fuere para volver al corazón. Mira el hermoso cielo, canta una canción, medita, valora lo que tienes, pero no te dejes atrapar por la corriente de la negatividad.

 Estar triste es estar negativo; no te confundas. Las emociones, el miedo, la preocupación y la ansiedad son dañinos también, pues son estados mentales perjudiciales. Sal de la tortuosa mente; abandona la cárcel de los malos pensamientos.

 Mira sólo en positivo; habla sólo en positivo; piensa sólo en positivo.

 ¡Entrena tu mente antes de que sea demasiado tarde e intoxiques tu cuerpo, tu Ser interior!"

 Mi invitación es a poner atención e intención en la fuerza más poderosa que existe y que mueve al universo entero, el Amor Recuperando nuestro poder cocreador, elige siempre el amor. 
Autor desconocido. Crédito a quien le corresponda


"No tienes que trabajar para estar en la alta vibración que es natural
para ti, pero tienes que dejar de aferrarte a los
pensamientos que hacen que bajes tu vibración"
Abraham Hicks


"Cada pensamiento que tienes te impacta. Al cambiar en medio
 de un pensamiento debilitante a uno que fortalece, elevas 
tu vibración de energía, te fortaleces a ti mismo y 
a tu campo de energía" Wayne Dyer

"Las frecuencias altas son tu protección contra los seres de baja vibración"

lunes, 4 de diciembre de 2023

La abuela


¿ Quién se queda con mamá este fin de semana ?

¡ Yooooooo noooooo ! Contesto  Javier , este fin de semana voy a salir de viaje con mi esposa y los niños.

Ana María dijo , pues yo menos hace dos semanas estuvo conmigo y no puedo este fin de semana, tengo tantas labores en casa por terminar y ¡ mamá es una labor más!

José de reojo vió a su madre sentada en un rincón, con la mirada de lado escondiendo sus lágrimas, el corrió hacia ella y le dijo,  mamita mejor para mí pues te puedo tener para mí sólo.

La  hija de José se acerco una joven de 19 años le tomo las manos diciendo, abuela ves que tus hijos no quieren estar contigo, pero tú si, tú estás mejor aquí en casa , con papá y mamá.

Vamos abuela a jugar con las muñecas,cuéntame esas historias que dice mi tía Ana María que son tan aburridas y que ya se sabe de memoria, pero a mí me encantan.

Hagamos los pastelitos favoritos de tío Javier y la sopa de fideos con pollo que le preparabas cuándo él ,enfermaba de pequeño y que ahora sólo cuándo está enfermo te busca para que se los prepares.

Peiname el pelo y trensalo con los listones de colores que aunque mi tía Ana María aborrece, porque dice que la peinabas todo el tiempo así, yo en mi cabello los veo tan lindos.

Abuela quédate aquí, con nosotros y en las noches al dormir danos a papá, a mamá y a mí la bendición.

¡ Que importa que se te olviden las cosas , o que se te caiga la comida de la boca, o que repitas mil veces la misma frase, o qué tus manos tiemblen ! 

Si a papá y a mamá eso , no les importa, nosotros somos felices contigo.

Aunque tío Javier y tía Ana María digan que ahora eres una niña y que hay que llevarte a un lugar dónde te cuiden mejor, papá no lo hará, pues dice que ahora a él le toca cuidar de tí, ayudarte a caminar , a limpiar tú boca , a escucharte sin cansancio, a ponerte los zapatos cómo tú lo hacías cuándo el era pequeño .

¡ Abuela ahora tú eres nuestra niña y te cuidaremos con todo el amor y cariño que tú nos entregaste a nosotros !

Todos se quedaron sumergidos en un gran silencio

La abuela de pronto dijo,haya en los años de 1920 mi padre. Y todos se sentaron alrededor de ella, Javier y Ana María con lágrimas en los ojos , arrepentidos de lo ingrato que habían sido con su madre .

Y José, como siempre atento y amoroso, a todo lo que su madre hacia y decía.

Moraleja

Es bueno pensar y reflexionar que ejemplo y enseñanza le estamos dando a nuestros hijos, con el trato que le damos a nuestros padre , pues el tiempo nos alcanzará y también nosotros, nos convertiremos en niños .

La abuela murió al año rodeada de amor y cariño, pero en la casa de José, cada día sin faltar uno llega una hermosa paloma blanca , se queda con ellos hasta el atardecer y después la ven marcharse , volando muy alto hacia el cielo y la hija de José le dice ¡  abuela no te preocupes yo cuidare de mi padre, como él lo hizo contigo !


martes, 17 de octubre de 2023

Cuando el viento sopla




Hace algunos años un hacendado poseía tierras a lo largo del litoral del Sur Atlántico. 

Constantemente anunciaba estar precisando empleados. 

La mayoría de las personas estaban poco dispuestas 

a trabajar en campos a lo largo del Atlántico. 

Temían las horribles tempestades que barrían aquella región, 

haciendo estragos en las construcciones y las plantaciones. 

Buscando nuevos empleados, el recibió muchos rechazos. 

Finalmente, un hombre bajo y delgado, de edad media se aproximó al hacendado. 

¿Usted es un buen labrador?  le preguntó el hacendado. 

 Bueno, yo puedo dormir cuando el viento sopla, le respondió el pequeño hombre. 

Bastante confuso con la respuesta, el hacendado, desesperado por ayuda, 

lo empleó. Este pequeño hombre trabajó bien en todo el campo, 

manteniéndose ocupado desde el amanecer hasta el anochecer. 

Y el hacendado estaba satisfecho con 

el trabajo del hombre. 

Pero entonces, una noche, el viento sopló ruidosamente. 

El hacendado saltó de la cama, agarró una lámpara y 

corrió hasta el alojamiento del empleado. 

Sacudió al pequeño hombre y le gritó: 

¿Levántate! Una tempestad está llegando! 

Amarra las cosas antes que sean arrastradas! 

El hombre pequeño se dio la vuelta en la cama y le dijo firmemente no señor. Yo ya le dije: “Yo puedo dormir cuando el viento sopla.

Enfurecido por la respuesta, 

el hacendado estuvo tentado a despedirlo inmediatamente. 

En vez de eso, se apresuró a salir y preparar el terreno 

para la tempestad. Del empleado se ocuparía después. 

Pero, para su asombro, 

encontró que todas las parvas de heno habían sido cubiertas 

con lonas firmemente atadas al suelo. 

Las vacas estaban bien protegidas en el granero, 

los pollos en el gallinero, y todas las puertas muy bien trabadas. 

Las ventanas bien cerradas y aseguradas. 

Todo estaba amarrado. Nada podría ser arrastrado. 

El hacendado entonces entendió 

lo que su empleado le había querido decir. 

Y retornó a su cama para también dormir cuando el viento soplaba. 

Lo que se quiere decir con esta historia, 

es que cuando se está preparado - 

espiritualmente, mentalmente y físicamente - 

no se tiene nada que temer.

¿Tú puedes dormir cuando los vientos soplan en tu vida? 

Autor desconocido


martes, 19 de septiembre de 2023

Librero en andanzas



Desde que era un niño, mi padre me arrastraba a una librería de segunda mano que odiaba con toda mi alma. Para mí, esos libros eran solo un montón de letras aburridas y ya habían montones de libros feos y viejos que se acumulaban en el estudio de la casa como montañas de polvo olvidado. Cada visita era una tortura y no entendía cómo mi padre podía pasar horas allí, sonriendo todo el rato, como si hubiera encontrado el paraíso.

Pasaron los años y con ellos seguía la obligación de acompañar a mi padre a la librería. Aunque seguía considerando que esos libros no eran más que trastos inútiles, una tarde, en la que estaba aburrido como de costumbre, decidí hojear algunos de los títulos que mi papá ya había apartado con cariño en una pequeña pila. Fue entonces cuando todo cambió.

Descubrí que detrás de esas portadas desgastadas y hojas amarillentas, habían historias mucho más fascinantes de lo que jamás hubiera imaginado. Me quedé atrapado en una novela de misterio que me ayudó a entender por qué mi padre amaba tanto esos libros.

Mis visitas a la librería ya no eran solo un deber, sino una oportunidad para descubrir tesoros escondidos en los rincones más insospechados. Empecé a ver esos libros no como objetos estorbosos, sino como pasaportes a otros mundos y épocas. Y me di cuenta de que el estudio de mi padre, con sus montañas de polvo y libros envejecidos, era en realidad un rincón mágico lleno de historias por descubrir.

Así que, poco a poco, empecé a comprender la pasión de mi padre por la lectura. Descubrí que no importa cuán viejos sean los libros, siempre tienen algo valioso que ofrecer. Ahora, en cada visita a la librería con mi padre, él está feliz de dejarme escoger algunos libros que me llamen la atención. 

Creo que él siempre supo que esto pasaría en algún momento así que nunca desistió de acercarme a los libros, aunque nunca me obligo a leer. Es la persona más lista que conozco y ahora me siento más cercano a él.

lunes, 18 de septiembre de 2023

La analfabeta



"Leo. Es como una enfermedad. Leo todo lo que me cae en las manos, bajo los ojos: diarios, libros escolares, carteles, pedazos de papel encontrados por la calle, recetas de cocina, libros infantiles. Cualquier cosa impresa.

Tengo cuatro años. La guerra acaba de empezar. Vivimos en un pueblecito que no tiene ni estación, ni electricidad, ni agua corriente, ni teléfono.

Mi padre es el único maestro del pueblo. Enseña en todos los cursos, desde el primero hasta el sexto. En la misma aula. La escuela está separada de nuestra casa sólo por el patio, y las ventanas del colegio dan al huerto de mi madre. Cuando me encaramo a la ventana más alta del comedor veo a toda la clase con mi padre delante, de pie, escribiendo en la pizarra negra.

El aula de mi padre huele a tiza, a tinta, a papel, a calma, a silencio, a nieve incluso en verano.

La gran cocina de mi madre huele a animal muerto, a carne cocida, a leche, a mermelada, a pan, a ropa húmeda, a pipí del bebé, a agitación, a ruido, al calor del verano, incluso en invierno.

Cuando el mal tiempo no nos permite jugar fuera, cuando el bebé grita más fuerte de lo habitual, cuando mi hermano y yo hacemos demasiado ruido y demasiados destrozos en la cocina, nuestra madre nos envía a nuestro padre para que nos imponga un castigo.

.Salimos de casa. Mi hermano se detiene delante del cobertizo en el que guardamos la leña:

Yo prefiero quedarme aquí. Voy a cortar un poco de leña pequeña.

Sí. Mamá se pondrá contenta. Atravieso el patio, entro en la gran sala y me detengo cerca de la puerta. Bajo los ojos. Mi padre me dice:

Acércate.

Me acerco y le digo a la oreja:

Castigada, mamá,

¿Nada más?

Me pregunta, nada más porque a veces tengo que entregarle sin decir nada una nota de mi madre, o debo pronunciar las palabras, médico o urgencia, o bien únicamente un número: 38 o 40. Todo esto por culpa del bebé, que se pasa el día enfermo.

Le digo a mi padre:

No. Nada más. Me da un libro con imágenes:

Ve y siéntate.

Voy al fondo de la clase, donde siempre hay lugares vacíos detrás de los mayores.

Fue así como, muy joven, por casualidad y sin apenas darme cuenta, contraje la incurable enfermedad de la lectura. Cuando vamos de visita a casa de los parientes de mi madre, que viven en una ciudad cercana, en una casa que tiene luz y agua, mi abuelo me toma de la mano y, juntos, recorremos el vecindario.

El abuelo saca un diario del bolsillo de su levita y dice a los vecinos:

¡Mirad! ¡Escuchad!

Y a mí me dice:

¡Lee!

Y yo leo. Normalmente, sin errores, y tan rápido como me lo pida.

Dejando de lado este orgullo de abuelo, mi enfermedad de la lectura me traerá sobre todo reproches y desprecio:

No hace nada. Se pasa el día leyendo. No sabe hacer nada más.

Es la tarea más pasiva de todas. Perezosa.

 sobre todo, lee en vez de . ¿En vez de qué?

Hay miles de cosas más útiles, ¿no?  Incluso ahora, por la mañana, cuando la casa se vacía y todos mis vecinos se van a trabajar, tengo un poco de cargo de conciencia por instalarme en la mesa de la cocina a leer los diarios durante horas en vez de fregar los platos del día anterior, ir de compras, lavar y planchar la ropa, hacer mermeladas o pasteles.

Y, ¡sobre todo!, en vez de "escribir".

Agota Kristof