El Mundo de Paz en Nosotros

sábado, 27 de diciembre de 2014

Cargar las piedras 12º

Hu-Ssong propuso a sus 
discípulos el siguiente relato:
"Un hombre que iba por el camino
tropezó con una gran piedra.

La recogió y la llevó consigo. 
Poco después tropezó con otra. 
Igualmente la cargó. Todas las piedras 
con que iba tropezando las cargaba, 
hasta que aquel peso se volvió tan 
grande que el hombre ya no pudo caminar.

¿Qué piensan ustedes de ese hombre?"

"Que es un necio",

respondió uno de los discípulos"

¿Para qué cargaba las piedras con que tropezaba?"

Dijo Hu-Ssong:

"Eso es lo que hacen aquellos que cargan las ofensas
que otros les han hecho, los agravios sufridos,
y aun la amargura de las propias equivocaciones. 

Todo eso lo debemos dejar atrás, 
y no cargar las pesadas piedras del rencor 
contra los demás o contra nosotros mismos. 
Si hacemos a un lado esa inútil carga, 
si no la llevamos con nosotros, 
nuestro camino será más ligero
y nuestro paso más seguro"
autor desconocido


jueves, 25 de diciembre de 2014

¡Feliz Navidad! 🌟Navidad 2014🌟




Muchas felicidades para ti, 

que nos permites formar parte 
de tus amistades, gracias por formar parte
de las nuestras.


"Hoy que celebramos el nacimiento del niño Dios,
pedimos sea su hogar lleno de amor y paz"

"Deseamos el infinito amor del Señor
reine siempre en sus corazones"


"Todas las temporadas son hermosas
para la persona que lleva felicidad dentro"
Horace Friess


"Dentro de tu corazón esta la magia y
el espíritu navideño, por eso prepara tu
corazón para recibir al Niño Jesus y
Que siempre sea Navidad en nuestros corazones"




domingo, 21 de diciembre de 2014

Cuento de Navidad 1º



Faltaban sólo cuatro días para Navidad. Aún no sentía 
el espíritu de la ocasión, el estacionamiento  de la tienda de 
descuentos estaba repleto. Dentro de la tienda era peor. 
Los carros de compras y los clientes de 
última hora causaban atascos en los pasillos.

      ¿Para qué vine hoy a la ciudad? Me pregunté. 
Los pies me dolían casi tanto como la cabeza. Tenía una lista de varias personas que decían no querer nada, pero yo sabía que se quedarían
 ofendidas si no les compraba algo.

      Comprar regalos no tenía nada de entretenido para mí.
 Estaba comprando para gente que tenía de todo, 
y los precios eran exorbitantes.

      Llené mi carro de compras a toda prisa con esas cosas de último
 momento y me dirigí a las cajas. Escogí la que tenía 
la fila más corta, pero tendría que esperar al menos 
veinte minutos para llegar a la caja.

      Delante de mí había un niño y una niña.
 El niño tenía unos cinco años y la niña era
 un poco menor. Él llevaba un abrigo harapiento 
y unos tenis viejos y enormes que sobresalían 
debajo de unos pantalones que le quedaban muy cortos.


 En sus manos, que estaban muy sucias, 
tenía varios billetes de un dólar 
todos arrugados. La ropa de la niña
 se parecía a la de su hermano.
 Su cabeza era una maraña de pelo ondulado. 
En la cara se le veían restos de la cena.
 Llevaba en las manos 
un hermoso par de zapatillas doradas para la casa. 

Se oía música navideña en el equipo de 
sonido del almacén y la niña tarareaba feliz
      Cuando llegamos a la caja, la niña puso los
 zapatos con mucho cuidado sobre el mostrador.
 Los sostenía como si se tratara de un tesoro.

La cajera marcó la cuenta.
       Son seis dólares con nueve centavos , dijo.
      El niño puso sus billetes arrugados sobre
 el mostrador mientras buscaba más en los
 bolsillos de su pantalón. 
Consiguió reunir 3 dólares con 12 centavos.

       Supongo que tendremos que devolverlas, dijo valientemente.      
Volveremos después, quizá mañana.
      En cuanto oyó eso, la niña dijo con un leve sollozo:
       Pero a Jesús le habrían encantado esas zapatillas.

       Bueno, volveremos a casa y trabajaremos un poco más.
 No llores, volveremos después, le aseguró su hermano.
      En ese instante le pasé tres dólares a la cajera.
 Esos niños habían esperado un largo rato en la fila, 
y a fin de cuentas, era Navidad.
      De repente un par de brazos me rodearon
 y una voz exclamó: Muchas gracias, señora.

       ¿A qué te referías cuando dijiste que a
 Jesús le habrían gustado esos zapatos?  pregunté.

      El niño respondió:
       Nuestra mamá está enferma y se va a ir al Cielo. 
Papá dijo que es posible que se vaya a vivir con Jesús antes de Navidad.

      La niña añadió:
       En la escuela dominical, mi profesora me dijo que las
 calles del cielo son doradas, como estas zapatillas. 
¿No le parece que mi mamá se vería hermosa caminando 
por esas calles con zapatos del mismo color?

      Los ojos se me aguaron al fijarme en la carita manchada por las lágrimas.
       Sí, le respondí, no me cabe duda.

      En ese momento le agradecí a Dios en silencio que se valiera de esos niños para recordarme lo que significa dar.







viernes, 19 de diciembre de 2014

Tonto 11º



Se cuenta que en un pequeño pueblo, un grupo de personas
se divertían con el tonto del lugar, un pobre infeliz
de poca inteligencia, que vivía de hacer pequeños recados y limosnas.

Diariamente algunos hombres llamaban al tonto al bar donde se
reunían y le ofrecían escoger entre dos monedas:una de tamaño
grande de 40 reales y otra de menor tamaño, pero de 200 reales.

Él siempre cogía la más grande y menos valiosa lo que era motivo de risas para todos.

Un día, alguien que observaba al grupo divertirse con el inocente hombre, 
le llamó aparte y le preguntó si todavía no había percibido 
que la moneda de mayor tamaño valía menos y este le respondió:

Lo sé, no soy tan tonto, vale cinco veces menos, pero el día que escoja la otra, el juego acaba y no voy a ganar más mi moneda. Anónimo

Moraleja: Quien parece tonto, no siempre lo es.
Hay personas que de lejos parecen tontas,
 de cerca no lo son. No importa lo que piensan de nosotros,
 importante es lo que uno piensa de sí mismo.
El verdadero hombre inteligente es el que 
aparenta ser tonto, delante de un tonto
 que aparenta ser inteligente.©єм∂ρєη

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Cuentos de Navidad 2º



Era la noche de Navidad.
Un ángel se apareció a una familia rica y le dijo a la dueña de la casa:
 Te traigo una buena noticia: esta noche el Señor Jesús vendrá a visitar tu casa.

La señora quedó entusiasmada: 

Nunca había creído posible que en su casa sucediese este milagro. 

Trató de preparar una cena excelente para recibir a Jesús. 

Encargó pollos, conservas y vino importados. 

De repente sonó el timbre. 

Era una mujer mal vestida, de rostro sufrido,

 con el vientre hinchado por un embarazo muy adelantado.
Señora, ¿no tendría algún trabajo para darme?
Estoy embarazada y tengo mucha necesidad del trabajo.
¿Pero esta es hora de molestar?
 Vuelva otro día, respondió la dueña de la casa. 
Ahora estoy ocupada con la cena para una importante visita. Poco después, un hombre, sucio de grasa, llamó a la puerta. 
 Señora, mi camión se ha arruinado aquí en la esquina.
¿Por casualidad no tendría usted una caja de herramientas que me pueda prestar?
La señora, ocupada como estaba limpiando
 los vasos de cristal y los platos de porcelana, se irritó mucho:
 ¿Usted piensa que mi casa es un taller mecánico? 
¿Dónde se ha visto importunar a la gente así?.
Por favor, no ensucie mi entrada con esos pies inmundos. 
La anfitriona siguió preparando la cena: abrió latas de caviar, 
puso champaña en el refrigerador, escogió de la bodega 
los mejores vino, preparó unos cócteles. 
Mientras tanto alguien afuera batió las palmas. 
Será que ahora llega Jesús, pensó ella emocionada
 y con el corazón acelerado fue a abrir la puerta.
 Pero no era Jesús. Era un niño harapiento de la calle.
Señora, deme un plato de comida.
 ¿Cómo te voy a dar comida si todavía no hemos cenado?
 Vuelve mañana, porque esta noche estoy muy atareada. 
 Al final, la cena estaba ya lista. 
Toda la familia emocionada esperaba la ilustre visita. 
Sin embargo, pasaban las horas y Jesús no parecía. 
Cansados de esperar empezaron a tomar los cócteles, 
que al poco tiempo comenzaron a hacer efecto en los 
estómagos vacíos y el sueño hizo olvidar los pollos
 y los platos preparados. A la mañana siguiente, 
al despertar, la señora se encontró , 
con gran espanto frente a un ángel.  
¿Un ángel puede mentir? Gritó ella. Lo preparé todo con esmero,
 aguardé toda la noche y Jesús no apareció. 
¿Por qué me hizo esta broma?
No fui yo quien mentí, fue usted la que no tuvo ojos para ver, 
dijo el ángel.Jesús estuvo aquí tres veces, en la persona de la 
mujer embarazada, en la persona del camionero y en el niño hambriento.
Pero usted no fue capaz de reconocerlo y de acogerlo.




Eramos la única familia en el restaurante con un niño.
Yo senté a Daniel en una silla para niño y 

me di cuenta que todos estaban tranquilos comiendo y charlando.

De repente, Daniel pego un grito con ansia y dijo, "Hola amigo!"

Golpeando la mesa con sus gorditas manos.

Sus ojos estaban bien abiertos por la admiración y

 su boca mostraba la falta de dientes en su encía.

Con mucho regocijo el se reía y se retorcía. 
Yo mire alrededor y vi la razón de su regocijo.

Era un hombre andrajoso con un abrigo en su hombro;
 sucio, grasoso y roto.
Sus pantalones eran anchos y con el cierre abierto 
hasta la mitad y sus dedos se asomaban a
 través de lo que fueron unos zapatos. 
Su camisa estaba sucia y su cabello no había 
recibido una peinilla por largo tiempo. 
Sus patillas eran cortas y muy pocas y su nariz 
tenia tantas venas que parecía un mapa.

Estábamos un poco lejos de el para saber si olía,
 pero seguro que olía mal.
Sus manos comenzaron a menearse para saludar.
 "Hola bebe, como estás muchacho" le dijo el hombre a Daniel.

Mi esposa y yo nos miramos, "Que hacemos?" 
Daniel continuó riéndose y contestó, "Hola, hola amigo."

Todos en el restaurante nos miraron y luego miraron al pordiosero. 
El viejo sucio estaba incomodando a nuestro hermoso hijo.

Nos trajeron nuestra comida y el hombre comenzó a
 hablarle a nuestro hijo como un bebé.

Nadie creía que era simpático lo que el hombre estaba haciendo.
Obviamente él estaba algo borracho.
Mi esposa y yo estábamos avergonzados. 
Comimos en silencio; menos Daniel, que estaba super inquieto 
y mostrando todo su repertorio al pordiosero, 
quien le contestaba con sus niñadas.

Finalmente terminamos de comer y nos dirigimos hacia
 la puerta. Mi esposa fue a pagar la cuenta y le dije 
que nos encontraríamos en el estacionamiento.
 El viejo se encontraba muy cerca de la puerta de salida.

"Dios mío, ayúdame a salir de aquí antes de que este
 loco le hable a Daniel." Dije orando, mientras caminaba cercano al hombre.

Le di un poco la espalda tratando de salir sin 
respirar ni un poquito del aire que el pudiera estar respirando.

Mientras yo hacía esto, Daniel se volvió rápidamente 
en dirección hacia donde estaba el viejo y
 puso sus brazos en posición de; cárgame.
Antes de que yo se lo impidiera, 
Daniel se abalanzó desde mis brazos hacia los brazos del hombre. 
Daniel en un acto de total confianza, amor
 y sumisión recargó su cabeza sobre el hombro del pordiosero. 
El hombre cerró sus ojos y pude ver lágrimas corriendo
 por sus mejillas. Sus viejas y
maltratadas manos llenas de cicatrices, dolor y duro trabajo,
 suave, muy suavemente, acariciaban la espalda de Daniel.
 Nunca dos seres se habían amado tan profundamente
 en tan poco tiempo. Yo me detuve aterrado.
El viejo hombre se meció con Daniel en sus brazos por un momento,
 luego abrió sus ojos y me miró directamente a los míos.

Me dijo en voz fuerte y segura, "Usted, cuide a este niño." 
De alguna manera le contesté: "Así lo haré" con un inmenso nudo en mi garganta. El separó a Daniel de su pecho, lentamente, como si tuviera un dolor.

Recibí a mi niño, y el viejo hombre me dijo: "Dios le bendiga, señor.
Usted me ha dado un hermoso regalo."

No pude decir más que un entrecortado gracias. 
Con Daniel en mis brazos, caminé rápidamente hacia el carro.
 Mi esposa se preguntaba por qué estaba llorando y sosteniendo a Daniel tan apretadamente, y por qué yo estaba diciendo:
"Dios mío, Dios mío, perdóname." Yo acababa de presenciar el amor
 más puro a través de la inocencia de un pequeño niño que no vio pecado, que no hizo ningún juicio; un niño que vio un alma y unos padres que vieron un montón de ropa sucia. Yo fui un cristiano ciego, cargando un niño que no lo era.
Para todos los cristianos, les deseamos pasen 
unidos una hermosa Navidad, llena del más puro amor. 
Autor Desconocido.



Domingo 14 de Diciembre de 2014



Martes 9 de Diciembre de 2014